Cada año 800.000 personas se quitan la vida en el mundo, según la OMS

El ‘Área de Vida’ atiende a 11 pacientes con ideas de suicidio

Cada año 800.000 personas se quitan la vida en el mundo, según la OMS
12 de septiembre de 2015 00:00

Cada 40 segundos ocurre un suicidio en el mundo. En 2012 Ecuador era el cuarto país con una alta tasa de suicidios, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Es por esto que el pasado 10 de septiembre se desarrollaron varias actividades por el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. Para Sara Torres, jefa de hospital del Instituto de Neurociencias de Guayaquil, el suicidio es prevenible. “La familia cumple un rol importante, porque hay signos de alerta. A una persona que tiene cambios de personalidad se le debe prestar atención”.

Desde 2014 en el instituto se evidenciaron más casos de intentos de suicidio en adolescentes. Actualmente ocurren al menos 2 hechos de jóvenes por cada adulto. Lo que motivó a diseñar un plan piloto para atenderlos mediante la hospitalización. Se trata del ‘Área de Vida’, que el próximo octubre cumplirá un año y es financiado por el Ministerio de Salud.

En este espacio, que ha atendido 64 casos, se monitorea a los pacientes. El 90% de los ingresos es de adolescentes y hasta el momento hay 11 pacientes. (I)

Carlos Pauta

“Me enorgullece estar vivo y salir por otra oportunidad”

Carlos Pauta, de 39 años, llegó hace 23 días al ‘Área de Vida’. Él aconseja que cuando se sienta soledad hay que buscar ayuda y no callar. José Morán / El Telégrafo

La cama está tendida y en la habitación todo está ordenado. Sobre su velador están una Biblia y un par de cuadernos. Carlos Pauta mantiene este orden desde el pasado 18 de agosto que ingresó al ‘Área de Vida’, del Instituto de Neurociencias de Guayaquil.

En la pequeña habitación es monitoreado por 2 cámaras para ver su desenvolvimiento y la respuesta al tratamiento.

¿Por qué está ahí? Carlos, quien tiene 39 años y es sargento segundo de las Fuerzas Armadas, trató en 2 ocasiones autoeliminarse con sogas, cuerdas de cortinas y hasta cables. Sus intentos fueron fallidos.

En el momento de contarlo su voz se quiebra. “Dejé acumular muchos problemas familiares, creyendo que los podía resolver solo. Pero caía en una severa depresión y hasta ese momento no tomaba la decisión de pedir ayuda profesional”.

El padre de 2 hijos asegura que la depresión es silenciosa. “Me decían que siempre estaba bien, pero cuando llegaba a mi casa era un problema grave. Lloraba mucho, me deprimía y quería conseguir que mi esposa me perdone y perdonarnos”.

Hoy Carlos asegura que se enorgullece de estar vivo y tener deseos de salir por una nueva oportunidad. “Estoy esperando la hora y el minuto para salir y atender a mis hijos. Quiero que ellos me vean bien y no destruido como cuando llegué”.

Desea dejar en el pasado sus malas decisiones y que no quiere volver a ser el mismo de antes. Relata que en los pasillos del ‘Área de Vida’ se encuentra con tantas historias, adolescentes y personas adultas, como él. Hace un par de días ingresó una nueva paciente.

“No hay edades cuando se pasa por un trance como este. Aquí uno cuando llega se debe comprometer con salir de ese hueco, que lleva a creer que estamos solos. No tengo a mis padres, solo dependía de mi esposa y la relación con mi hermano era distante. Creía que no tenía a nadie, pero resultó que estuvieron todos”, indica.

Destaca que trabajar en equipo, elevar la autoestima, cumplir con la medicación y, sobre todo, aceptar que el suicidio es una enfermedad, han permitido que el tratamiento dé resultados positivos.

Por ejemplo, Carlos ahora tiene zapatos con sus respectivos pasadores y cargador de celular. Su conducta permitió que los especialistas volvieran a creer en su compromiso de no intentar el suicidio con estos elementos. “Antes no podía tener nada de esto”.

De hecho, el hoy entusiasta sargento aconseja a cualquier persona que “cuando sienta el aislamiento busque ayuda, porque los problemas te bombardean y de ellos no se puede escapar solo”.

En 2012 la tasa de suicidio en el país, según el INEC, se incrementó 3,4% respecto al 2000. Por género, la tasa en mujeres disminuyó 8%, mientras que los suicidios masculinos subieron 9%. (I)

Richard Briones

“Ahora me doy cuenta de que puedo hacer muchas cosas y salir adelante”

Richard Briones, de 22 años, asegura que ahora tiene planes en su vida. Quiere empezar a trabajar y dedicarse a los estudios. José Morán / El Telégrafo

Richard Briones sale y entra de su habitación ubicada al final del pasillo. Guarda un poco de ropa en una maleta, con la ayuda de uno de sus familiares, y luego de varios minutos sale. Tiene permiso para ausentarse del lugar 5 días. Está por cumplir un mes para concluir su tratamiento en el ‘Área de Vida’, en el Instituto de Neurociencias del puerto principal.

El joven, de 22 años, nacido en Manta (Manabí), había pasado por un proceso de desintoxicación en el área de emergencia, porque tomó pastillas para terminar con su vida. “Estaba buscando una manera de salir adelante, pero no la encontraba. Entonces fue cuando decidí como escapatoria tomar una cuerda y amarrarla a mi cuello, pero luego me arrepentí y usé las pastillas”.

Richard asegura que se ha dado cuenta de que puede tomar un rumbo. “Ya no es como antes que dudada de mis capacidades, ahora sé que puedo lograr todo lo que me proponga. Y esa es mi meta, trabajar y con el tiempo estudiar”.

Ingrid Vega, su madre, recuerda que antes de que su hijo llegara a este lugar estaba apartado del mundo. “Él no era así. Era un chico entusiasta, interactivo, que quería hacer cosas buenas y grandes. Cambió de un momento a otro. Me sorprendió, porque siempre ha tenido todo el cariño”.

Hace un año y medio a Richard le diagnosticaron depresión psicótica, que es un tipo de enfermedad con alucinaciones y comportamientos irracionales. Esta dolencia a veces es confundida con el trastorno de la esquizofrenia.

Ingrid cuenta que él estuvo en tratamiento con un psiquiatra de Portoviejo sin ninguna mejoría. “De un momento a otro dejó de tomar las pastillas, no quería comer, cayó en una profunda depresión. Agradezco tanto a Dios, pues él mismo se detuvo en su intento y se arrepintió”, recuerda la madre del joven.

Asegura también que cometió el error de no buscar ayuda más especializada de inmediato, “deberían existir más espacios como estos (’Área de Vida’), porque estamos satisfechos por la ayuda que ha recibido. No me imaginaba que sería tan acogedor y amables los doctores”.

Desde que Richard ingresó al lugar, que financia el Ministerio de Salud Pública, mejoró mucho. En las últimas semanas se siente optimista por la vida.

Al igual que los médicos, el joven considera que el suicidio es prevenible con la compañía y el apoyo de la familia. Precisamente, Ingrid cuenta que uno de los consejos de los especialistas a los familiares es jamás dejar solos a los pacientes suicidas.

Richard tiene ahora nuevos planes y aconseja a los chicos que no se dejen llevar por la depresión y las ideas suicidas. “Eso es algo que ya no volveré a repetir, porque sé que valgo mucho”.

Otras causas comunes del suicidio son los trastornos de bipolaridad, la esquizofrenia, el estrés postraumático y el consumo de alcohol y drogas. (I)

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