Alcohol, drogas y bullying en un colegio de Pujilí

18 de abril de 2013 - 00:00

El consumo de drogas, alcohol y los episodios de bullying (acoso escolar) suelen ser   problemas comunes en diversas instituciones educativas de las ciudades más grandes del país. Pero también están presentes en cantones como Pujilí, donde uno de sus planteles de educación secundaria, el que cuenta con aproximadamente 1.700 alumnos, hay indicios de estas conductas.

Según María Herrera, psicóloga de la institución, hay grupos de jóvenes, la mayoría procedentes de las parroquias rurales, quienes llegan hasta algunas instituciones del cantón cotopaxense a ofrecer drogas. Dijo que venderían fundas con cemento de contacto a 50 centavos y con marihuana desde 80 centavos.

Herrera comentó que para tratar a los adolescentes vinculados al consumo de droga y alcohol, la ayuda de los padres de familia es imprescindible, pero que un 80% de los casos de los jóvenes proviene  de familias disfuncionales, cuyos padres están divorciados, en proceso de separación o tienen evidentes problemas de comprensión mutua. “En nuestro contexto social (Pujilí) un problema común es la infidelidad masculina. Esta produce que los hogares se desintegren, por lo que trabajar con jóvenes que viven estas realidades es complicado”, aseguró la psicóloga.

Además de los hogares disfuncionales, algunos menores deben lidiar con el bullying o maltrato por parte de  sus compañeros. “En mi curso hay un caso de bullying. A un compañero que tiene un defecto físico en su oreja, le ponen apodos. Él está mal en notas y se fuga de clase siempre que puede”, dijo Carla  D. (14 años), alumna de décimo.  

Carla afirmó que  los menores que son víctimas de bullying dentro de la institución generalmente son jóvenes de escasos recursos económicos  y de apellidos indígenas.
Paúl H. también de 14 años y compañero de Carla D., añadió que las personas que maltratan a los más pequeños y vulnerables son astutos, pues cuidan que al momento de ejecutar sus acciones  no esté presente ninguna autoridad ni adultos para que no haya pruebas ni castigos posteriores. “Luego que los maltratan, creo que les amenazan porque ninguno de ellos va a quejarse. Se les nota que tienen miedo, sufren mucho”, comentó el menor.

Esta es una de las razones por las que las autoridades no registran muchas denuncias de este tipo.  Gladys Estrada, principal del Departamento de Orientación Vocacional del plantel, reconoció que  hay poca evidencia de maltrato entre estudiantes y coincidió en  que la principal razón de ello  serían las amenazas que reciben las víctimas. “Sí han llegado hasta nosotros un par de niñas a denunciar, pese a las amenazas que recibieron previamente”, dijo.

La profesional afirmó que trabajan con los menores amenazados para que se desliguen del miedo y, a la  par, mantienen diálogos personales con los alumnos que propician el maltrato para sensibilizarlos en torno al tema. Además, identificó dentro del grupo de los agresores a estudiantes que son sospechosos de consumir alcohol y drogas.
 
Para enfrentar el problema, trabajan con la policía especializada en menores, cuyos funcionarios han impartido talleres y charlas sobre cuál es la realidad de las personas adictas a las drogas y el sufrimiento que sobreviene con el consumo.

Además, solicitaron la colaboración de la Policía Nacional para que controle al ingreso y a la salida de la institución, a fin de que los menores no sean tentados por los vendedores de estupefacientes. “Pero hay muy pocos efectivos policiales; necesitamos la colaboración de diversos organismos para salir de este gran problema”, concluyó Estrada.

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