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El Telégrafo
Mariana Velasco

Está frente a mí…

19 de enero de 2022 00:50

Fuerza para continuar, fe para creer, humildad para agradecer y amor para dar, es mi saludo y mensaje a todos los lectores de este medio de comunicación. Sin duda, son dos años desafiantes para la humanidad al sabernos sobrevivientes de la pandemia Covid 19.

En medio de tanto dolor y sufrimiento, hay que valorar que existe amor, familia, fe y amigos que ayudan a caminar hacia adelante para convertirnos en manantial de cambio, donde pensamiento positivo y voluntad permitan convertir a la esperanza en un músculo fuerte  que palpite en cada ecuatoriano.

El confinamiento permitió aprovechar todos los reflejos del sol en los muros blancos, para clasificar miles de fotografías tomadas con el propósito de documentar cada momento de nuestras vidas juntos, para que cada una se extendiera con la mayor duración posible y tengan el poder de convertir una realidad amarga en algo dulce. 

Mi vida, marcada por el presente, recorre imágenes que parecieran decir: te amo más que a nadie; tomas que susurran y expresan la tristeza al tener que despedirme o capturas que se archivan en la retina con instantes de felicidad y se congelan en el tiempo.

¿Qué tal esta fotografía?, me pregunto. Mi bebé dormido en el lecho materno, envuelto en una colcha tejida por manos que aman, acarician, sostienen y no solo escriben, sino que además con infinita ternura cubren su cuerpo miniatura. Un beso en la frente, cierra el ritual. Revive en mí ese momento y como se lo he contado una y otra vez, él también lo siente.

El blanco y negro recogen momentos de inmovilidad, invalidez, dolor y dosis de enorme voluntad, así como la distancia con galenos y sus prescripciones que quedaron en el pasado; aunque aún no logro esquivar de un par de especialistas, ni de los medicamentos en el velador.

Esas imágenes invaluables, rodearán a los míos la siguiente vez que tenga un quiebre, ya sea al cumplir una ‘misión secreta’, hospitalizada o en otra circunstancia y les de consuelo, si no regreso.

Desafié al universo en búsqueda de una existencia agradable, productiva y de calidad en la medida de las posibilidades: familia, hijo, nieta, periodismo, amor, academia, baile, voluntariado, música, poesía, amigos, libros… confirman que la vida es una aventura glamorosa; tengo todo lo que creo merecer; bendecida y agradecida.

Vivir la yapa es laborioso. Requiere dobles dosis de espiritualidad, pensamiento positivo, optimismo y pragmatismo. Vivo un día a la vez, tal como se presenta. No hago planes ni conjugo el futuro. Aprendí a aceptar las cosas como son y soltar todo lo demás, única forma de adquirir inmensas dosis de confianza que me permitan seguir seleccionando mi legado.

Inexorable como es, transcurre el tiempo… Me aferro a la indomable palabra como opción de vida. Los contenidos y textos provocan encuentros y desencuentros, llegadas y despedidas, dolores y alegrías que se acrecientan cuando gracias a la tecnología y en búsqueda de guía profesional- el amigo- desde el hemisferio del norte te ubica medio siglo después.

Entre la euforia, curiosidad y los imperdibles relatos, confirmamos qué a pesar de haber descubierto el arte de vivir, no perdimos la capacidad de asombro para comprobar qué la sabiduría es eterna y que el universo conspira para que todo ocurra en el momento cuando debe ser y no cuando queremos que suceda.

En circunstancias dignas de un guion de Netflix, desde algún punto de California, este poliglota y musical ángel de luz, con fino sentido del humor, imperdible filosofía de vida y embriagadora personalidad, envuelve todo en estado de éxtasis, donde “solo se requiere estar consciente de ser uno y ser el todo’’… al parecer encuentros y experiencias ‘’ vividas’’ en hazañas pasadas.

Como fuente esencial de energía y principio en los procesos que dan vida, a miles de kilómetros y a medianoche, siente que navego entre luciérnagas, vulnerabilidad y peligro. Decide ‘‘acompañar y sostenerme’’. El milagro… estar vivos y un día contar la historia.

Confiar en el Creador, amar y tener fe son suficientes razones para que la reflexión baile mientras traslada información, permita experimentar, sentir nuevas y extraordinarias sensaciones y emociones.

En el otoño de la vida, saber que las almas volarán juntas, es una bendición y la mejor declaración de amor que todos quisieran escuchar. Hoy confieso qué, amor y gratitud se convirtieron en propósitos, el miedo en una distracción y lo que más importa… ya está frente a mí.

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