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El Telégrafo
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“Hay que generar política pública para la lectura”

Liset Lantigua. Escritora y coordinadora de la Red Metropolitana de Bibliotecas
Liset Lantigua. Escritora y coordinadora de la Red Metropolitana de Bibliotecas
Foto: Cortesía Liset Lantigua
14 de junio de 2020 - 00:00 - Agustín Garcells Cordón

Liset Lantigua es poeta y narradora cubano-ecuatoriana. En este país ha desarrollado su obra dentro de lo que se destaca su dedicación a la literatura infantil que combina con su cargo actual de coordinadora de la Red Metropolitana de Bibliotecas y directora (encargada) del Centro Cultural Metropolitano.

La escritora, quien fue reconocida en 2009 en la Lista de Honor IBBY por su novela Y si viene la guerra (Grupo Editorial Norma, 2006; LuaBooks, 2018), habló con Diario EL TELÉGRAFO.

¿Cómo marcha la organización de las bibliotecas en el Municipio, hay una prioridad en este sentido?
Marcha. Hay movimiento, trabajo y nos hemos reinventado en función de esta crisis con servicios que antes no brindábamos. Tenemos un proyecto de inversión cuya finalidad es fortalecer las siete bibliotecas que conforman la Red en todos los aspectos: fondos bibliográficos, mobiliarios, infraestructuras y servicios.

Cuando esto sea un hecho palpable, constatable, acontecerá lo que ocurre naturalmente con este tipo de espacios en la sociedad: será preciso abrir nuevas bibliotecas cada vez más apegadas a los estándares requeridos y con recursos y servicios acordes a la razón de ser de las bibliotecas públicas en el mundo. Es lo que debería suceder a partir de lo que estamos haciendo y del trabajo anterior. Para que ocurra algo así trabajamos.

¿Realizan las bibliotecas préstamos y actividades de extensión cultural a la comunidad?
Por primera vez se puso en marcha en 2019 un proceso de inscripción de usuarios de la Red Metropolitana de Bibliotecas -que hemos mantenido e incrementado en estos meses de confinamiento al haberlo convertido en un proceso on line- clave para avanzar hacia la carnetización de usuarios -también sin precedentes en el país-, y hacia la implementación del préstamo externo de libros, que será el cambio radical, esencial nuestro en materia de servicios.

Paralelo a esto hemos previsto poner en marcha el programa de extensión Ciudad Lectora para el préstamo de libros en instituciones, organizaciones y empresas que, por sus horarios de trabajo y por los actuales horarios de las bibliotecas, tienen muy pocas oportunidades de acercarse, inscribirse, obtener el carné de lectores y llevar libros a casa.

¿Qué falta para que las bibliotecas sean generadoras de la demanda del consumo de libros?
Falta que cumplan su rol social y cultural a través de la implementación de estos servicios que han sido una omisión, lamentable, en el Ecuador. Las bibliotecas públicas logran lo que no consigue la escuela con sus planes de lectura en solitario ni logran las librerías. Estas últimas responden a una demanda existente.

En Ecuador hay pocas librerías, de modo que ni siquiera podría hablarse de acceso general a ellos a través de la compra. ¿Qué han hecho las bibliotecas públicas en todo el mundo para existir pese a las transformaciones colosales en el acceso al conocimiento y a las fuentes de consultas de los últimos 20 años? Han fortalecido sus recursos, sus servicios y sus procesos y se han enfocado en el fomento de la lectura.

La tendencia, por lo tanto, no ha sido al cierre o la eliminación; aun con altibajos en presupuestos, los países con una buena tradición en labor bibliotecaria han sostenido y consolidado sus espacios y colecciones y resulta impensable prescindir de ellos. Nosotros debemos trabajar sobre la base de una estructura fundamental entonces; dar forma a esto que es un derecho humano: el acceso al conocimiento y la resignificación de la biblioteca pública, deslucida por la falta de servicios que son una deuda histórica del Estado ecuatoriano.

¿Considera que Ecuador sea realmente un país que lee?
No. Para poder hacer una generalización de esta índole tendríamos que poder decir cuántos usuarios se han inscrito en las bibliotecas públicas del país, cuántos libros se llevan a casa anualmente en calidad de préstamo; tendríamos que poder evaluar el comportamiento de las ventas en librerías; la apertura de nuevas bibliotecas y nuevas librerías, inclusive, y los resultados en pruebas nacionales e internacionales que miden habilidades asociadas al acto lector: la comprensión, el análisis, etc.

Cuando todo esto confluya favorablemente en una estadística podremos decir que Ecuador es un país que lee o da pasos hacia eso. Hay que generar política pública para la lectura, y hay que trabajar para mejorar las bibliotecas, entender que son espacios clave en el circuito del libro porque sin ellas no hay lectores que compren libros y no tiene sentido publicar.

¿En qué situación se encuentra la literatura infantil en Ecuador?
Pienso en todas las instancias que conforman esa categoría y creo importante decir que hay nuevos autores y avidez por publicar, hay producción. Luego veo que algunas editoriales siguen sin entender o reconocer en profundidad el rol y los derechos de los creadores, y su propia responsabilidad a cargo de la producción material de las obras, y no me atrevo a dar un buen diagnóstico.

Cuando las editoriales entiendan que trabajar por la lectura en el país requiere una apuesta comprometida, que vaya un poco más allá de los números (las que pueden hacerlo, claro), y dejen de descatalogar obras que requieren más tiempo y un mejor trabajo de promoción, diré otra cosa. Hay muchos altibajos y retrocesos que nos acercan al punto: sin acceso democrático al libro las otras partes de la cadena-y la literatura al centro- no pueden ir del todo bien. Ni los procesos creadores se salvan ni se salvan los números. (I)

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