Un creyente y las personas homosexuales (III)

09 de noviembre de 2020 00:00

2: la doctrina de la Iglesia sobre la relación del creyente frente a las personas homosexuales es amplia; por citar, el 03 de junio de 2003 la Congregación para la Doctrina de la Fe, en un documento titulado ‘Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales’, suscrito por el entonces Cardenal Joseph Ratzinger (quien fuera el Papa Benedicto XVI) señaló en su parte concluyente: “La Iglesia enseña que el respeto hacia las personas homosexuales no puede en modo alguno llevar a la aprobación del comportamiento homosexual ni a la legalización de las uniones homosexuales. El bien común exige que las leyes reconozcan, favorezcan y protejan la unión matrimonial como base de la familia, célula primaria de la sociedad. Reconocer legalmente las uniones homosexuales o equipararlas al matrimonio, significaría (…) ofuscar valores fundamentales que pertenecen al patrimonio común de la humanidad”.

3: mediante video en YouTube, el sacerdote Santiago Martin se refirió con amplitud y con fundamentos varios a la opinión del Papa Francisco recogida en el Documental ‘Francesco’, donde él también incluía los dos hechos que ya he manifestado. Esgrimió, entre otras cosas: “(…) el Papa Francisco estaría en contra del matrimonio homosexual (…) el magisterio de la Iglesia (…) puede ser efectivamente modificado por un Papa, pero de forma que no se contradiga lo que la Iglesia ha enseñado hasta el momento: puede ser enriquecido, nunca cambiado. Si un Papa lo hiciera (…) el concepto de verdad queda suprimido (…) y si la Iglesia no puede decir que lo que enseña es verdad, queda instalada en el mundo de las opiniones (…) si el Papa hubiera querido contradecir la enseñanza (…) habría debido hacer que (Congregación para la) Doctrina de la Fe publicara un documento o bien él mismo lo habría recogido en una Exhortación Apostólica o en una Encíclica. Es ridículo pensar que una declaración hecha en una entrevista (…) tenga fuerza de ley para modificar esa enseñanza”.

En suma: la doctrina está intacta, al punto de que ni el propio Obispo de Roma ha hecho referencia alguna. Aunque sí fue enriquecida.

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