Las guaguas de pan y la colada morada, una tradición que deleita el paladar

- 02 de noviembre de 2020 - 08:00
Archivo / ET

En el Día de los Difuntos, esta forma de celebración se remonta al origen meztizo, a la religiosidad y la cultura de los pueblos.

El feriado por el 2 de noviembre, Día de los Difuntos, es una fecha en la cual, por tradición, los ecuatorianos consumen la colada morada acompaña de las guaguas de pan, un molde de harina que tiene la forma de un niño.

Diferentes cadenas de panaderías innovan cada año y proponen guaguas en surtidos colores y sabores. De igual manera lo hacen los panaderos artesanales.

Hay guaguas de pan artesanales rellenas de manjar y nutella, de frutas, de diversos tamaños y con adornos de colores.

En cuanto a la colada morada, su preparación, de manera artesanal, no esperó noviembre, sino que desde octubre ya se la empezó a comercializar.

La base para su preparación es la harina morada, de ahí que, dependiendo de los gustos, hay quienes le ponen toda clase de frutas, siempre manteniendo como ingredientes el arrayán, cedrón, hoja de naranja, clavo de olor, pimienta dulce, y otras especias.

De esta manera se mantienen vivas las tradiciones ancestrales, muchas de las cuales no pueden realizar debido al cierre de los cementerios para evitar la expansión del virus del covid-19 en el país.

La antropóloga Ana María de Veintimilla especifica en un documento que el misterio de la muerte y todas las manifestaciones generadas a partir de la asimilación, de la resignación, del sentido de trascendencia que se le da a la partida física de las personas, cobra una estimación distinta en cada cultura incorporando criterios valorativos festivos y no, que irrumpen con el espacio sagrado y el tiempo ordinario.

En el Ecuador -dice- el 2 de noviembre se recuerda a los difuntos con la preparación de la tradicional colada morada para lo cual se utiliza una gran olla que despide un aroma que atrae.

Origen

“La gastronomía de difuntos habla de nosotros, de nuestro origen mestizo, de una historia compartida resultado del sincretismo entre lo indio y lo español, de la religiosidad andina y la doctrina católica, así como también de la resistencia de los pueblos a ser dominados por una sola cultura”, explica la antropóloga.

Asimismo, detalla que la Uchucuta era originalmente la colada que preparaban los indios para acompañar las guaguas de pan en los rituales funerarios que realizaban, la cual estaba hecha con harina de maíz, papa, fréjol, arveja, achiote y col. Mientras que las guaguas eran elaboradas con maíz, zapallo, miel y cera de abeja.

En un taller para la elaboración del Plan de Salvaguardia de la Mesa de los Difuntos, realizado por el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC) Zonal 5, en octubre pasado, el técnico Luis Martínez, dio a conocer la importancia simbólica y social de esta manifestación; además, de las formas y niveles de transmisión de estos conocimientos.

“Mesa de los Muertos”

El Día de Difuntos es parte de los feriados más importantes que se registran en el calendario nacional. Las manifestaciones alrededor de esta conmemoración de los muertos dan cuenta de la diversidad sociocultural del Ecuador, que se puede apreciar a través de ritos, comida, música, tradiciones. En el caso de Santa Elena se celebra con la denominada “Mesa de los Muertos”.

Esta tradición se mantiene aún como parte de las manifestaciones culinarias mortuorias relacionadas con un rito de posible origen prehispánico.

Según la arqueóloga Karen Stothert, “los habitantes de esta provincia (Santa Elena) han rendido culto a sus muertos desde la época de la cultura las Vegas, es decir, desde hace 8000 años”.

Stothert indicó que para los santa elenenses, esta tradición ayuda a mantener el flujo de comunicación con los muertos; eso implica darles de comer para recibir luego lluvia, fertilidad y bienestar.

Poner la Mesa de los Difuntos consiste en colocar una serie de platos preparados caseramente sobre la mesa previamente cubierta con un mantel blanco.

Estos alimentos deben ser los favoritos de los muertos. En el caso particular de los niños y niñas que han fallecido, además de colocar sus platos favoritos, se exponen también en un rincón de la casa sus juguetes preferidos.

Una vez dispuestos los alimentos se dejan entre abiertas las puertas y ventanas de las casas para que las almas de los seres queridos los visiten por la noche y puedan “alimentarse”. (I)

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