El rol de los robots sociales despunta en la pandemia

- 25 de octubre de 2020 - 08:00

Las máquinas han tenido un rol importante en la emergencia sanitaria en algunos países del mundo. En Japón reciben a los visitantes que están en cuarentena en los hoteles; en Singapur ayudan a mantener el distanciamiento social en los parques.

Los robots sociales ayudan a controlar las medidas antipandemia: que todos usen la mascarilla en los supermercados en Alemania, mientras en Hungría reciben a los pacientes en los hospitales, y Cruzr distribuye gel antibacterial y toma la temperatura a los pacientes del Hospital Universitario de Ambers, en Bélgica.

Este Diario entrevistó a Salvador Cobos, director del título de Experto Universitario en Robótica de la UNIR,España, sobre este tema.

¿Los robots se han convertido en esenciales en medio de la pandemia, es así?

Ojalá se convirtieran en esenciales, porque de los robots que hay depende del costo, pues son caros y necesitan mecanismos de inteligencia artificial, con lo cual solo algunas instituciones los tienen. Creo que deberían de ser esenciales, pero lamentablemente, no están al alcance de todos.

 ¿Son ángeles de la guarda o mala influencia?

Hay que ver a la robótica como una forma de cooperación en cualquier entorno de trabajo. No hay que mirarlos como competencia ni como mala influencia, pero asumiendo al mismo tiempo las limitaciones que tiene cada robot, porque no son tan mágicos como todo el mundo cree.

¿Por qué estas máquinas diseñadas para interactuar con humanos en tareas de cuidados y acompañamiento tienen protagonismo durante la emergencia sanitaria?

Porque son ideales para ser usados en situaciones donde los humanos tienen limitaciones de intervención, como las pandemias, un evento nuclear o un evento espacial. Los robots ejercen su función y pueden ser usados en situaciones donde los humanos no deberían estar y, por eso los robots asumen su importancia para evitar más contagios y , sobre todo, que en este sector sanitario los médicos y enfermeros resulten como los más afectados.

Pero también generan dudas, ¿es así?

Se generan dudas por la falta de información y por la falta de formación educacional en este aspecto. De hecho, la gran mayoría de las personas realmente no sabe lo que es un robot. Esta es una cuestión que, a lo largo de los años, se tendrá que educar más a la gente y de alguna forma lograr que vean a los robots de forma natural, como vemos hoy en día, por ejemplo, a un cajero automático o a una lavadora.

¿Cómo son estos robots sociales? En Hungría reciben a los pacientes en los hospitales; en Alemania alertan a los que no usan mascarillas. En Tokio acompañan a los huéspedes en cuarentena en los hoteles.

Depende de cuál sea su función. Si son robots que van a acompañar a un paciente y van a tener interacciones de voz, si son otros que tengan un rol en la cámara y realicen el reconocimiento de imágenes para detectar quienes llevan mascarillas o no. Depende mucho de la aplicación.

Por robot social se entiende como un robot que tiene que interactuar con las personas más allá de que sea un robot policía y esté verificando lo que hacen los demás. Un robot social pertenece a la interacción. Entonces forzosamente tiene que existir una interacción y un reconocimiento de voz para relacionarse, en este caso, con los pacientes.

¿Cuáles son sus funciones principales? En Italia está Alexa que reconoce la voz de su propietario y enciende un equipo de sonido, la radio y pone la música preferida del usuario. Cruzr distribuye gel antibacterial y toma la temperatura a los pacientes del Hospital Universitario de Ambers, en Bélgica.

Una de ellas es ayudar a socializar. Otra función es hacer una tarea en común. Supongamos que una persona necesita ayuda porque tiene alguna discapacidad, en este caso, un robot debería también de ser de apoyo, pero no solo de voz como Alexa, porque en ese caso, no sería un robot, sino solo una aplicación de inteligencia artificial.

Entonces, la función principal de un robot debería ser la colaboración con una persona, y dentro de esta, actuar con funcionalidades de movimiento, de manipulación y de reconocimiento de voz e imágenes, es decir, estamos hablando de un sistema mecatrónico bastante complejo.

¿Hay posibilidad de que los robots sufran maltrato tal como los animales? Incluso hay quienes dicen que se debe prevenir esto para los próximos robots casi vivos. ¿Qué opina de esto?

Hay que tomar en cuenta dos aspectos. Uno es el diseño que va a hacer que la gente acepte bien la interacción con el robot. Segundo, el robot no va a sufrir porque al final es una máquina. Tiene que ser visto como una herramienta más, así como visualizamos otros equipos.

Un robot puede generar empatía, pero también rechazo. Algunos dirán que no importa porque son solo pedazos de metal. ¿Cómo mira eso?

Por el contrario, sí que es muy importante. De hecho, es importante que los diseños mecatrónicos no sean sólo de ingeniería, sino que también intervengan otras personas de diseño, precisamente para generar esa empatía, porque la función del robot social es generar interacción con el humano. En este sentido, si hay algún robot que genera rechazo es porque, simplemente, no está bien diseñado.

 Los precios de estos robots sociales son altos: van desde $3.558,75 a $29.000 ¿Cómo analiza esto?

Esto es porque no es fácil tener un sistema mecatrónico complejo. No hablamos sólo del aspecto mecánico, de electrónica, de sensores, sino que también debe tener un aspecto muy importante de inteligencia artificial, bastantes algoritmos inteligentes que van a hacer uso de esos sensores para tomar decisiones. El ejemplo de inteligencia artificial más económico que existe es Alexa.

Los precios son así de altos porque el diseñar un robot no es fácil, y la única forma de reducir estos costes es hacer una producción masiva.

En Iberoamérica solo tenemos a Kiwibot, en Medellín, en fase de pruebas ¿Cómo analiza esto?

En Iberoamérica se tiene que hacer esfuerzos más grandes para integrar el conocimiento de varios campos en esta tarea. Para hacer un robot se necesita un ingeniero mecánico, un ingeniero electrónico, un especialista en inteligencia artificial, un especialista en software para robots. No es fácil encontrar a una persona que domine todas estas áreas igual. Habrá alguna persona que sea muy buena diseñando elementos mecánicos, pero que no tiene conocimientos en la parte de software. En la medida en que se integren compañías que, a la vez, integren todos estos conocimientos, es cuando más robots se podrán hacer.

En el Foro Económico de Davos se dijo que más de cinco millones de empleos van a eliminarse en los próximos cinco años por cuenta de los robots inteligentes. ¿Qué posibilidades existen de que esto suceda?

Siempre fomento que los robots no van a sustituir a una persona. Los robots tienen que ser usados para aplicaciones que son peligrosas para las personas, también para aplicaciones que son repetitivas, y para tareas que requieren mayor precisión. Con lo cual tenemos que ver a los robots como medidas de colaboración para hacer un trabajo más eficiente.

En el caso de que se sustituya el trabajo de una persona, por ejemplo, un soldador, a esa persona se le tendrá que capacitar en esa empresa para que, así como aprendió a utilizar la máquina de soldar, aprenda a utilizar el robot. Esto es usual con los robots colaborativos, donde se mezclan las destrezas humanas y robóticas.

Es decir, habrá trabajos peligrosos que se tengan que eliminar porque son peligrosos para el ser humano. Pero, por otro lado, a esas personas sustituidas hay que educarlas en otras áreas que necesiten ese proceso de automatización.

También los robots abren la posibilidad para que existan nuevos puestos de trabajo, por ejemplo, de científico, especialista en Big Data, que antes no existían. La programación de un robot requiere un equipo de 10 personas. Por ello, más allá de pensar en los robots de manera negativa, la solución es capacitar a las personas para generar nuevos puestos de trabajo a raíz de estas nuevas tecnologías. (I)

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